lunes, 8 de diciembre de 2008

El silencio

"En el silencio
el sonido
se vuelve hueco"
Este poema lo compré a un chaval en una tetería de Granada, una noche en buena compañía, estaba impreso en un separador. Unas cien pelas, imaginad el tiempo que hace. No es que me guste especialmente. No me interesa el silencio, que diría Whitman, me interesa el ruido que rodea el silencio. Me interesa la capacidad de abstraerse del hombre, de sentirse indiferente ante el ruido, de ser capaz de seguir viviendo aun en las peores condiciones. Al fin y al cabo el silencio es nuestro regalo. La verdadera fortaleza se muestra ante el ruido.Apuntadme algo

3 comentarios:

Ana*i* dijo...

Todo en silencio, un silencio de esos tan rotundos que se escuchan.
Se escucha el silencio, y encima el continuo sonido del proyector tras nuestras cabezas.
Dos personas en la sala. Ambas estamos en el lado izquierdo, pegando al pasillo, en ese intento de buscar el centro de la pantalla.
La búsqueda de la mejor posición en una sala vacía nos hace titubear, al final escogemos ...una buataca...
Pantalla en blanco, luces laterales que pese a su brillo no dejan de ser tenues.
Butacas raídas por el paso de los años, techos de teatro reconvertido, cortinas tan toscas que se puede sentir su peso tan sólo con mirarlas, se siente el polvo que las envuelve.
Silencio, sábado noche...

Fernando dijo...

ay qué bonito!, sigue escribiendo así, como todos los sabados noche juntos. bonito

desde_el_jergon dijo...

¿Quién coño es Rebeca Jiménez?
Mi amiga Pilar cuchichea conmigo ¿será ésta la nueva menudencia?
No me gusta nada nada, sigue, moviendo la cabeza...luego, como si acabase de sacarla del agua, en el descanso, susurra tan fresca, A mí que me cante el Antonio, coño.

Yo tardo en comprender y, al fin, me saco los tapones de los oídos. Él sale con su camisa vacía, no nos recomienda pillar champú en su barrio, lo pasan cantidá de chungo.

Yo me lo paso bien, ella parece flotar. Segundo y último bis. Solo en el escenario. La sangre aún me hierve...
Un corazón a punto de desbordarse.

A la salida, el último comentario: Tía, no ha cantao el Antonio...
Tal vez, se le habrán quitao las ganas...